Escribir El Reflejo del Río ha sido adentrarme en un territorio incómodo: ese lugar donde la memoria se mezcla con el silencio, donde las respuestas nunca llegan del todo y, aun así, seguimos preguntando.
Esta historia nace de una inquietud que siempre me ha acompañado: ¿qué ocurre con aquello que desaparece… pero no termina de irse? ¿Qué hacemos con las ausencias que no se cierran, con las versiones que nos entregan para que dejemos de buscar?
Mientras escribía, entendí que esta novela no trata solo de una desaparición, ni de un caso sin resolver. Trata de algo más profundo: de las historias que nos cuentan… y de las que nos ocultan. De la fragilidad de la memoria, de la necesidad de creer en una verdad —aunque sepamos que puede no ser completa—, y del miedo a descubrir que lo que nos dijeron no era más que una forma de proteger algo más grande.
Pero, sobre todo, esta novela es para quienes han esperado respuestas que nunca llegaron.
Para quienes han tenido que convivir con el silencio.
Para quienes han aprendido a vivir con una versión oficial que no encaja con lo que sienten.
Para quienes, aun sin pruebas, nunca dejaron de sospechar que algo no estaba bien.
A todos ellos —reales o invisibles— está dedicada esta historia.
Porque hay ausencias que no terminan de marcharse.
Y hay verdades que, por mucho que se oculten, siempre encuentran la forma de reflejarse.
—José Maestre Vilanova
Marzo 2026